El proyecto
2. Apuntes conceptuales
2.3. El rol del faro
Habitualmente un faro se asocia a una luz que se aprecia en la noche a intervalos regulares emitida desde la cúspide de una torre, dando a entender que el rol del faro es únicamente producir luz con tres objetivos principales: señalizar accidentes orográficos de costa, dirigir entrada a puerto y ayudar al navegante en ruta. Esto es reducir sus valores. El faro emite señales acústicas aéreas o subacuáticas (campanas de martillo), ubicadas a veces en pequeñas edificaciones anexas, para ser reconocido en períodos de niebla (dispositivos denominados “señales de niebla”), incluye dispositivos de emisión de ondas de radio con un alcance de hasta 200 millas náuticas (“radiofaro”) que en algunos casos, junto con el acristalamiento de la cúpula sobre la óptica, sirve de ayuda visual a la navegación aérea (“aerofaro”), acoge dispositivos electromagnéticos de moderna señalización y ha servido como hito en el avistamiento de bancos de pesca, en el aviso de naufragios, en labores de detección de contrabando e incluso, en algunos lugares, en labores defensivas (El reglamento de fareros/torreros del año 1851 permitía disponer de una carabina corta para 20 disparos).
Todo ello en activo las 24 horas del día debido a la presencia de los fareros o torreros, auténticos artífices de que todo funcionara correctamente y que obligatoriamente debían residir con sus familias en el edificio de viviendas anexo a la torre. Estos profesionales debían cumplimentar diariamente, por Normativa, cuatro libros (su denominación puede no ser exacta): el Libro de Órdenes, el Libro de Servicio, un pequeño parte meteorológico y el Libro de Inventario. La profesión de farero o torrero se crea específicamente mediante Real Orden de Mayo de 1851, por lo que puede ser considerada como una profesión generada en el período de la Revolución Industrial española; hoy en día, desde el año 1992, esta profesión posee otras cualificaciones profesionales bajo la denominación de Técnico de Señalización Marítima.
La documentación histórica generada a lo largo de la existencia de un faro constituye una fuente de información imprescindible. Los planos originales y de las alteraciones realizadas en lo edificado, las Memorias elaboradas para la introducción de nuevos, o modificados, elementos de señalización (ópticas y mecanismos de giro) y otra documentación histórica relacionada (importancia económica, naufragios, etc …), permiten identificar la secuencia temporal del estado del faro desde su origen hasta lo que observamos hoy en día.
La maquinaria necesaria para el cumplimiento de las funciones del faro y la presencia de los fareros/torreros se encuentran integrados en una construcción que incluye una torre, dependencias residenciales, espacios de gestión o de administración, talleres y otras edificaciones anexas menores. El faro debe ser analizado desde tres ejes o puntos de vista: la construcción/arquitectura y su evolución, la tecnología implementada y su evolución y, no menos importante, la profesión de torrero/farero y su implicación en la “vida” de la señalización. Son conceptos inseparables; no se describe correctamente un faro obviando alguno de estos tres ejes. Sin lo construido el Faro no existe, sin la tecnología el conjunto edificado del Faro derivará inexorablemente, antes o después, en una ruina y sin la documentación histórica se desconocerán o se perderán las razones de su existencia y evolución.
Un faro debería ser considerado como una fábrica de señalización donde la fábrica de señales, la vivienda del trabajador (el farero o torrero) y el propio trabajador comparten el mismo lugar, conviven. Si ese faro tuviera valores patrimoniales o históricos habría que considerarlo como Bien Industrial, figura testimonial sin alcance normativo, según el texto del Plan Nacional para el Patrimonio Industrial (ver Apartado 3) elaborado por el Instituto del Patrimonio Cultural de España‐ Ministerio de Cultura y Deporte. Esta apreciación puede ser corroborada en la Carta de Nizhny Tagil (ICOMOS‐UNESCO, Moscú, 2003) incluida en dicho Plan Nacional. Leyendo la Carta de Nizhny Tagil da la sensación de que el equipo redactor pensaba en faros.